La maldad comenzó con la caída de un ángel. Este ángel arrastro una multitud de otros ángeles. Leamos Apoc. 12: 4 “Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. El dragón se puso de pie delante de la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo en cuanto le hubiera dado a luz”.
* Es dificilísimo hallar la razón del por qué un ángel de Dios, sin tentación de afuera, y viviendo en la misma presencia de Dios, y que debe haber sabido la diferencia entre la luz moral y las tinieblas morales, escogió estas últimas. Esto es algo que los más grandes teólogos jamás han podido solucionar.
* Hay algo que debemos puntualizar, y hacerlo claramente, y es que, acerca del complejo tema de la caída de los ángeles, es imperativo, a la luz de lo revelado acerca de Dios, que reconozcamos la verdad inmutable, que Dios es Santo y en ningún sentido es El el causante del pecado angélico, ni indirecta ni directamente.
* Es la opinión de una gran mayoría de teólogos que estos seres llamados algunas veces espíritus malos o inmundos, principados, potestades, gobernadores de este mundo, maldades espirituales en lugares celestiales, etc. Son los mismos demonios (daimones). En el mundo espirtual hay sólo un diablo (diabolos) y muchos demonios (daimones) Estos malos espíritus son descritos como pertenecientes al mismo orden de ser de los ángeles buenos. La condición original de los mismos era de santidad, un estado que no guardaron.