Debemos distinguir primero el doble carácter de Cupido; primero, porque lo encontramos participando en la Creación del Mundo a partir del Caos, y segundo, como mero dios del Amor: hijo de Afrodita y Zeus, Ares o incluso Urano (de acuerdo con las distintas versiones míticas).
En la primera faceta de su carácter, Cupido es representado como clasificando la “masa sin forma” del mundo, con sus conflictivos elementos en orden y armonía. Cupido es el encargado de hacer desaparecer la confusión, uniendo las fuerzas discordantes y transformando en terreno fértil las comarcas baldías.
En la segunda faceta de su comportamiento y personalidad, Cupido es la deidad que levanta las pasiones del corazón tanto de dioses como de hombres. En un caso fue concebido como existente antes que los otros dioses, como el dios de ese amor que opera en la naturaleza; en el otro caso es considerado como el más joven de todos ellos: el dios de ese amor que mantiene los corazones de los hombres en tiranía.
La personalidad de Cupido es una combinación de ambos caracteres, tal como Fidias lo representó en el nacimiento de Afrodita, a quien recibe cuando ésta sale del mar, en presencia de las deidades reunidas del Olimpo.
Antiguos Templos de Adoracion de CupidoEl principal y más antiguo centro de adoración fue Tespia, en Beocia, donde se celebraba un festival llamado Erotidia en su honor. Estas celebraciones continuaron siendo una fuente de atracción hasta los tiempos romanos.
Desde Tespia, su adoración se extendió a Esparta, Atenas, Samos y Creta; los espartanos y cretenses tenían por costumbre ofrecerse a él antes del comienzo de una batalla, en la creencia de que era también Dios del Patriotismo, del amor al país (que es lo que más une a un ejército). En Atenas había un altar especial erigido en su nombre.
En los tiempos antiguos, sus adoradores de Tespia se contentaron con invocarlo en presencia de una ruda piedra, a la que grababan su imagen. Pero en tiempos posteriores encontramos a Cupido como la figura más atractiva entre las obras de la segunda escuela ática de escultores, la escuela de Escopas y Praxíteles, que dirigieron sus espléndidos talentos a añadir gracia fresca y belleza a su forma.
Mientras los artistas rivalizaban unos con otros por este fin, los poetas no eran menos celosos al cantar sus alabanzas. En la vida diaria, su influencia se hizo sentir de una forma muy general. En los gimnasios donde los jóvenes practicaban atletismo se colocó la estatua de Cupido entre la de Hermes y Hércules; porque en este caso se le representaba como ágil de piernas y de graciosas formas -un modelo de la juventud que madura-.
A medida que pasaba el tiempo, sin embargo, su figura se fue pareciendo más a la de un ángel con rostro de muchacho rechoncho, imagen con las que estamos muy familiarizados.
Se suponía que Cupido también ejercía su influencia sobre los corazones de las deidades, y para mostrarle en esa faceta, era representado algunas veces con el símbolo de cada dios al que hacía enamorar con su famosa flecha.
Cupido y Psique
A la tardía edad de la poesía y el arte helenístico y romano pertenece la tierna historia de Psique -la personificación de un alma llena de amor o, en otros tiempos, de una mariposa que llevaba el mismo nombre-.
Psique, según dice la historia, era la bella hija de un rey. La fama de su hermosura despertó los celos de Afrodita, quien, para librarse de su rival, encargó a su hijo Cupido que le hiciera una visita a la princesa y le inspirara amor por algún hombre común.
Cupido obedeció hasta el momento de llegar a palacio, pero él mismo -extasiado por la belleza de la doncella- la llevó a un castillo de hadas en un valle del Paraíso, donde pasaron juntos muchas horas felices
Sólo había un inconveniente: Cupido le advirtió que no podía mirarlo, con sus ojos mortales… Ni siquiera hubiera sido esto un inconveniente para ella, de no haber sido porque su envidiosa hermana le despertó curiosidad sobre ese asunto.
Cediendo a la tentación, una noche Psique tomó una lámpara y entró en la habitación donde el dios dormía. Alarmada por el descubrimiento que había hecho, dejó que una gota de aceite caliente cayera sobre su hombro. Él se despertó y, acusándola por su desobediencia, la abandonó.
Desesperada, Psique lo buscó por todas partes, pero fue en vano. Por fin encontró el camino al palacio de Afrodita, donde se sometió a servicios domésticos de varias clases; finalmente ésta le ordenó que bajara al mundo inferior y que tomara una caja del ungüento de la belleza de Perséfone.
Realizó esta tarea, pero al abrir la caja cayó derrotada por su intenso olor. Cupido no pudo resistir más: corrió en su ayuda y la trajo de vuelta a la vida.
La ira de Afrodita se calmó; ésta permitió que se llevara a cabo el matrimonio de Cupido y Psique en medio de grandes celebraciones. En presencia de los dioses supremos, Psique obtuvo su inmortalidad.
Los Estados del Alma
El propósito de esta alegoría mítica es ilustrar las tres etapas de existencia del alma: su preexistencia en un estado bendito, su existencia en la Tierra -con las pruebas y angustias que debe atravesar-, y su futuro estado de feliz inmortalidad.
La palabra “psique”, que significaba originalmente “alma”, pasó a significar también “mariposa”, por observarse una semejanza entre la forma en la que un alma y una mariposa, liberadas del cuerpo o crisálida en los que han estado confinados en la Tierra, se elevan con alas y se van flotando por la luz.
La llama del amor que a menudo quemaba el alma era comparada con la antorcha que atrae la mariposa a su muerte. Cuando esto sucedía, Cupido volvía su cara y lloraba.